Inicio de labores mes de enero 2026

13 de enero 2026

General (r) Roosvelt Hernández

Ministro de Estado en el Despacho de Defensa Nacional

Secretario de Estado del Despacho de Defensa Nacional, licenciado Orlando Gardner Ordóñez; señor Jefe del Estado Mayor Conjunto, general de brigada Héctor Benjamín Valerio Ardón; señores miembros de la Junta de Comandantes y de la nueva Junta de Comandantes; señores oficiales generales de las Fuerzas Armadas; señores directores y jefes de organismos y dependencias del Estado Mayor Conjunto; señores oficiales superiores y subalternos; padre Samuel Salgado; distinguido personal de suboficiales, tropas y auxiliares; cumpleañeros del mes de enero; representantes de los medios de comunicación y pueblo en general: tengan todos muy buenos días.

Sin duda, hoy es un día muy especial. Hoy martes —si no me equivoco— trece de enero del año dos mil veintiséis, continuamos haciendo historia. Ese dinamismo que caracteriza a la institución no es solo por ser institución, sino porque los seres humanos somos así: dinámicos. Vamos en avanzada, vamos en progreso, y eso depende del estado de ánimo, de cómo se encuentra cada uno de ustedes y de cómo se siente hoy, independientemente de lo que haya pasado en el pasado.

Hoy quisiera hablar de dos temas muy importantes: la voluntad y el tiempo. Hoy celebramos los cumpleaños, y este evento mensual marca un momento en el tiempo. Todo en nuestra vida gira en torno al tiempo. Como ya lo expresó el señor Jefe del Estado Mayor Conjunto, nada sucede si no es por la gracia y la misericordia de Dios, y todo responde a Su santa voluntad.

Todos tenemos un tiempo de caducidad. A veces caemos en distracciones por el tiempo. Tenemos un pasado, un presente y un futuro, y todo eso juega con nuestra realidad interior. El pasado lo almacenamos en la memoria; fue un presente que ya se fue. El presente está en la atención plena, y el futuro está en las expectativas, los sueños y la planificación. Aunque parezca mentira, los militares jugamos con estos conceptos, pero a veces no les damos la debida atención y el tiempo nos consume. De ahí la importancia de la puntualidad.

Si hablamos del espacio, nosotros —como científicos, licenciados, maestros y doctores en las cuestiones de la guerra y los conflictos— debemos dominarlo. Desde Clausewitz, de Prusia, hasta Jomini, el científico militar francés que hablaba de la geometría de la guerra, se nos enseña a delimitar los espacios donde se desarrollan los combates convencionales.

Hoy la institución cierra un ciclo e inicia otro. Es un nuevo tiempo. Recuerdo cuando iniciamos este proceso y hablaba de cruzar el Jordán, de pasar de una orilla a otra. Esa es una responsabilidad de las Fuerzas Armadas. A este servidor le tocó asumirla con inseguridades, virtudes y debilidades, pero siempre respaldado por una institución que entendió, porque hubo voluntad: voluntad de seguir una ruta y una dirección.

Ahí radica el libre albedrío. Si no tuviéramos voluntad, no estaríamos donde estamos hoy. Esta nueva asignación y la presentación de las nuevas autoridades representan el cerebro de la institución, con talento cognitivo colectivo y, sobre todo, voluntad. Esa voluntad es la que da fuerza y dirección a la Junta de Comandantes.

La institución ya tiene criterios claros, y uno de ellos es la meritocracia. La jerarquía es la distribución del poder, entendiendo que el poder es para servir. Ese poder genera orden y se transversaliza con la meritocracia, fortaleciendo la institución.

La consolidación de las nuevas autoridades depende precisamente de la meritocracia. Cualquier autoridad política prudente y sabia sabe que debe acompañarse de las mejores autoridades para gobernar.

Por eso felicito a todos ustedes. No se trata solo de primeros, segundos o terceros lugares. Hay evaluaciones objetivas, como los exámenes o el tiro, pero también evaluaciones subjetivas, realizadas por seres humanos con emociones y sentimientos. Así es este sistema y debemos comprenderlo.

Si somos cristianos, Dios está en cada uno de nosotros y actúa a través de la voluntad. La Biblia nos llama a sujetarnos a las autoridades, y eso es fundamental para la consolidación institucional. Todos buscamos el bienestar común y el cumplimiento de los objetivos estratégicos y nacionales.

Exhorto a las nuevas autoridades a ser conscientes del trabajo que asumirán, a vencerse a sí mismos y a entender que todo esto responde a la voluntad del Creador por el bien de Honduras.

La sociedad hondureña confía en las Fuerzas Armadas. Esa confianza se traduce en paz, tranquilidad y armonía. Por ello, debemos contribuir todos en la dirección que ha tomado la Junta de Comandantes, cumpliendo la Constitución de la República. Esa brújula la lleva el Jefe del Estado Mayor Conjunto, y todos debemos avanzar en la misma dirección.

Nadie puede objetar a los integrantes de la Junta de Comandantes de la vigésima novena promoción, ni a los comandantes generales del Ejército, Fuerza Aérea, Fuerza Naval o Policía Militar. No solo por ser primeros lugares, sino porque han hecho honor durante toda su carrera, en sus comandos y con recursos bajo su responsabilidad.

Reconozco también el trabajo de la Junta Interventora y espero que se mantenga la visión institucional. Es fundamental preservar el poder informativo a través del canal y del periódico institucional, ya que protege la voluntad de nuestros miembros y contrarresta narrativas tendenciosas.

Asimismo, el Comando de Reserva es una fortaleza institucional que no debe debilitarse. Los más de 8,000 hombres que lo integran confían en las Fuerzas Armadas, especialmente porque antes sufrían extorsiones que afectaban a sus familias.

El enemigo de las Fuerzas Armadas es el enemigo de la sociedad hondureña: el crimen organizado. Sabemos dónde está y conocemos su fuerza. Nuestra doctrina es clara y debemos aplicarla. La lucha contra el crimen organizado implica riesgos, pero somos soldados y debemos enfrentarlos.

No debe ingresar ni un solo gramo de droga a nuestro territorio. Esa es responsabilidad exclusiva de las Fuerzas Armadas. Debemos invertir todo nuestro talento y poder para proteger a nuestras familias y a la sociedad hondureña.

Siempre tendrán mi apoyo, respeto y consideración. Nunca tendré una actitud contraria a las Fuerzas Armadas. A las promociones presentes y futuras, cada una tendrá su tiempo y su espacio, pero hoy es el momento de quienes ocupan estas responsabilidades.

Agradezco profundamente el apoyo brindado durante nuestro comando, a todas las promociones y a quienes ingresaron en este periodo. Esta institución es una familia, y así debemos recordarlo siempre.

Que Dios bendiga sus vidas y a sus familias, y que guíe a las nuevas autoridades para que sus decisiones sean en beneficio de la institución y del pueblo hondureño.

Muchas gracias

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